Latinoamérica: la 'fiebre del oro' de los bufetes

01/12/2015

En el último año, las firmas españolas han aumentado la presión por cerrar fusiones con despachos locales al otro lado del atlántico y no ceder terreno a sus rivales anglosajones, que también buscan fórmulas para desembarcar en la región.

 

Latinoamérica ha pasado en el último año de promesa y tímidos acercamientos por parte de los despachos españoles a protagonizar una auténtica fiebre del oro. Aunque sus clientes ya llevaban décadas en la región, el desembarco de los bufetes españoles en los países latinos se había retrasado y, salvo algunos pioneros, eran pocos los que se habían atrevido a dar el salto de forma decidida al otro lado del Atlántico. Sin embargo, en el último año, estos modestos acercamientos, en una primera fase a través de alianzas, han desembocado en una auténtica carrera por cerrar integraciones con los mejores despachos locales.

 

Ser los primeros es clave. Y no sólo por la competencia nacional, ya que los anglosajones también están buscando fórmulas para aumentar allí su presencia, hasta ahora no muy numerosa. Aun así, hay excepciones, generalmente a manos de firmas estadounidenses, como Baker &McKenzie, que lleva más de medio siglo en la región y fue el primer despacho internacional en desembarcar en un país latino, concretamente en Venezuela, en 1955.

 

En el caso de los españoles, el anuncio de Garrigues, en 2012, de desembarcar con su marca y oficinas propias para ejercer derecho local ha sido uno de los puntos de inflexión para la abogacía española de los negocios. Aunque la mayoría de los despachos siguen apostando por las alianzas, cada vez son más los que ven la necesidad de contar con oficinas propias, sobre todo, si no quieren ceder terreno a sus rivales anglosajones en un mercado en el que tradicionalmente las empresas españolas han jugado con ventaja por los lazos históricos.

 

A finales de 2014, otro de los grandes españoles, en este caso Uría, anunció la compra del 30% del despacho resultante tras la fusión del chileno Philippi y el colombiano Pietrocarrizosa, operación que se ha confirmado este año.

 

En general, aunque los planes de fusiones o adquisiciones de despachos locales llevan más de dos años sobre la mesa, ha sido en 2015 cuando se han acelerado todos los movimientos y han empezado a funcionar las integraciones gestadas a lo largo de 2014. Y no sólo ha ocurrido con las grandes firmas españolas, ya que los despachos medianos también están buscando sus propias fórmulas para desembarcar con presencia propia en las jurisdicciones latinas. Un ejemplo es el de Maio Legal, que se fusionó con la mexicana SL Sterling hace unos meses, o el caso de Ontier, que ha adquirido participaciones en varios bufetes de la región, convirtiéndose así en uno de los más activos en su expansión internacional.

 

Por lo general, los despachos latinos no son reacios a integrarse en bufetes extranjeros con mayor dimensión, mientras que por su tamaño ven más difícil dar el salto al otro lado del Atlántico en solitario. Eso sí, la jugada plantea dificultades para ambas partes, ya que además de los problemas habituales de cualquier fusión, se suman otros condicionantes, como las diferencias retributivas de socios y abogados entre unos mercados y otros. A falta de precedentes a prueba de errores, cada firma ensaya un modelo diferente.

 

 

 

Font i Foto: expansion.com