La labor callada de los jueces de lo mercantil

30/10/2014
Reivindico a los jueces de lo mercantil y denuncio la situación en la que sirven a la ciudadanía y a nuestras empresas.

 

Vengo a reivindicar a los jueces de lo mercantil. Reivindico la labor callada que vienen haciendo. La de los especialistas, que superaron una dura oposición interna, la de los no especialistas, que hacen el mismo trabajo sin preferencias en el escalafón, la de los jueces de apoyo. Reivindico la tarea que empezaron a hacer cuando, en septiembre de 2004, entraron en funcionamiento y dieron un paso de gigante en la jurisprudencia mercantil de este país.

 

Es verdad, los hay buenos y malos, sí. Los hay muy dedicados y estudiosos, y los hay menos. Como en todas las profesiones. Pero los jueces de lo mercantil fueron una buena idea, y si no existieran habría que inventarlos. La doctrina que han sentado en los últimos años en materia concursal -con una ley moderna que durante los primeros años sólo ellos y los padres de la Ley Concursal conocían en profundidad-, en materia societaria, en materia de propiedad industrial… supone un antes y un después en la participación del Poder Judicial en la integración de las relaciones mercantiles españolas, con lo que ello supone para dotar a un país como España de más seguridad jurídica.

 

Reivindico a los jueces de lo mercantil, y denuncio la situación en la que sirven a la ciudadanía y a nuestras empresas. Una situación cada vez más insoportable, con un aluvión imparable de asuntos de enorme complejidad al que las Administraciones competentes asisten impávidas, pues recae sobre espaldas robustas. Resisten, así que se puede esperar, dirán. Los recursos son limitados, todo el mundo sufre los recortes, ya les tocará.

 

Pero el empeoramiento del servicio, las dilaciones extraordinarias que ha de padecer el justiciable, la imposibilidad de una reflexión serena y pausada de cada asunto, la losa implacable del reparto diario, la tensión acumulada ante cientos de expedientes en el suelo, cercando la mesa judicial, la frustración de carreras profesionales, sumidas en el desencanto; nada de esto tendrá marcha atrás. Es el precio actual y urgente que deben pagar estos servidores públicos, integrantes, cada uno de ellos, de un Poder esencial de un Estado de derecho.

 

Sí, es cierto, no soy parcial. Soy uno de ellos. Pero llevo años viéndoles desde el otro lado de la mesa y nunca, como hasta ahora, ha sido tan urgente ayudarles a cumplir con su función constitucional. A pesar de las advertencias que todos nos hacemos cuando nos encontramos, de los consejos de amigos para ponerse a salvo de la presión y respirar a fondo, ayer uno de ellos sufrió dos infartos consecutivos.

 

¿Habrán sido causados sólo por el estrés, o se trata de una afección congénita oculta, ajena al Juzgado? No lo sabemos aún, pero es seguro afirmar que, con esa afección, un juzgado de lo mercantil de Madrid es uno de los sitios menos propicios para trabajar.

 

Es urgente que las empresas españolas, pequeñas, grandes y medianas, las multinacionales que operan en nuestro país, hagan valer su peso en la estructura económica del país y, ya que el Consejo General del Poder Judicial parece no poder hacerlo con más fuerza, empujen al Ministerio de Justicia y a la administración autonómica competente a una mejora integral de las condiciones en que se está prestando esta llamada justicia mercantil. Les va mucho en ello.

 

 

Font i Foto: expansion.com