José Mª Alonso: "Debería existir el abogado de cabecera, como el médico"

13/11/2017
Ha dirigido Garrigues y posteriormente el despacho estadounidense, a sus 64 años, se presenta a decano del Colegio de Abogados
Cree que un letrado debe seguir ejerciendo hasta que el cuerpo aguante
 

 

Ha dedicado toda su vida a la abogacía. Hasta este verano y desde 2013, José María Alonso(Madrid, 64 años), dirigió Baker McKenzie, de cuyas funciones ejecutivas se ha apartado para presentarse a decano del Colegio de Abogados de Madrid. Previamente dirigió Garrigues, donde también estuvo al frente del departamento procesal y de arbitraje. Cree que con la carrera ya hecha, sus tres hijos encarrilados, ahora quiere ponerse al servicio de sus colegas y aportar dignidad a su profesión.

¿En qué momento de su carrera se encuentra?

 
 
 

 

En un momento en el que he decidido intentar devolver a mí profesión algo de lo que me ha dado. He alcanzado la máxima posición en mi carrera, he dirigido dos grandes firmas de abogados, he logrado educar a mis tres hijos, que están trabajando. Tengo la vida razonablemente hecha, y lo que estoy haciendo es salir de mi círculo de confort, aportando mi experiencia de 40 años, de los cuales 15 han estado dedicados a la dirección de dos firmas de primer nivel, además de cinco años en el Colegio de Abogados de Madrid aportando conocimiento de la profesión, conocimiento de buenas prácticas de gestión y de necesidades de los abogados. Los que hemos tenido la suerte en la vida de prosperar, tenemos que participar en la mejora de nuestra profesión.

¿Está preparado para dejar su despacho de Castellana 92?

No dejo Baker Mckenzie, dejo de ser director, sigo en el despacho pero sin funciones ejecutivas. Y lo que nunca voy a dejar es de ejercer mi profesión, porque ante todo soy abogado, especialista en métodos alternativos en la resolución de conflictos, como son la mediación y el arbitraje.

¿Cree que algunos de los conflictos que se viven en España se hubieran resuelto a través de este tipo de procesos?

Si se refiere al conflicto de Cataluña, tengo que decir que eso es posible siempre y cuando las partes respeten el Estado de Derecho. Si de lo que se trata es de que haya una reforma constitucional o para que se ajuste el modelo territorial a la nueva realidad, eso sí es posible, aceptando que hay cuestiones, como la unidad de España que no se tocan, salvo que lo decidan todos los españoles, no porque una región decida que se quiere ir.

¿Qué ha aportado a la abogacía española?

He aportado algunas cosas de las que me siento orgulloso, como es una mejor relación entre los abogados que nos dedicamos al área de procesal y de arbitraje, a través del Club español del arbitraje, que ayuda a tener un protagonismo importante. He contribuido a que haya una mayor presencia de la abogacía en el mundo económico y social. La abogacía ha de tener una relación con ambos sectores, el económico y el social.

¿De qué adolece la profesión de abogado?

De un sentimiento de orgullo de pertenencia, de una representatividad en la sociedad civil y en las instituciones, también de un trato igualitario del resto de los operadores en el mundo judicial, y de un sentimiento de valoración a la labor que ha de hacer el Colegio de abogados. Estamos colocados en un nivel inferior al que nos merecemos.

Todo esto, ¿por qué ha sucedido?

Por dejación. La abogacía, que representa a casi 80.000 abogados en el caso de Madrid, es como ser socio de un gran club de fútbol. En los países anglosajones, como Reino Unido o Estados Unidos, el abogado es un personaje, es respetado y oído por todos. En EE UU no hay nada más importante que ser abogado o médico. Y me gustaría que en España la abogacía tuviera el mismo respeto.

Sin embargo, sigue siendo una de las carreras más demandadas por los estudiantes.

Se trata de una carrera polivalente, que permite compaginar asignaturas de económicas, y es como los antibióticos, te permite trabajar en muchas opciones, desde montar tu empresa, trabajar en un despacho, opositar... Es una carrera demandada, a pesar de que antes se decía que el que no valía para algo estudiaba Derecho.

¿El acceso a las grandes firmas es algo reducido, algo reservado para unos pocos?

Se incorporan muchos abogados jóvenes a las grandes firmas, pero luego los que llegan arriba es un número muy reducido. Lo que veo es que hay muchos jóvenes abogados desorientados, mal formados, sin capacidad economía para abordar su propio negocio. Los colegios de abogados tienen que destinar una parte importante de sus recursos a ayudar a este colectivo.

¿Debería existir el abogado de cabecera?

Sí, debería haber un abogado, cómo se tiene un médico, ayudaría a tener una sociedad mejor. He visto casos de contratos privados sin intervención de abogados, que eran un auténtico disparate. En Reino Unido todo tiene que pasar por manos de un abogado,

¿Qué ocurrirá el próximo 13 de diciembre, en caso de que gane las elecciones?

A partir de ese día, empezaré a dedicar un tiempo importante de mi día a día a cumplir el programa que me he propuesto cumplir. Se trata de un contrato, y eso constituye una obligación para el que hace la oferta, y mi prioridad siempre va a ser el abogado. Yo los méritos ya los tengo, con perdón de la arrogancia. Voy a intentar hacer, lo mismo que hice en Garrigues y en Baker Mckenzie, que el Colegio de Abogados sea más grande y mejor al que me encuentre, como ya hice cuando tomé la dirección de Garrigues y de Baker Mckenzie. Quiero engrandecer la posición del abogado y de la abogacía frente a las instituciones públicas y privadas. El Colegio tiene un presupuesto de 50 millones que hay que gestionar bien. Quiero hacer un edificio de cinco plantas, pero si solo llego a hacer tres pisos bien construidos será suficiente, para que el que venga después encuentre una base bien edificada.